Debates

Pensar a História Oral a partir da América Latina significa acolher diferenças e manter abertas as perguntas. Esta seção recupera discussões históricas da Rede e cria espaço para novos debates teóricos, metodológicos, políticos e éticos.

Debate inaugural: ¿Existe una historia oral latinoamericana?

Este debate entre Gerardo Necoechea Gracia e Pablo Pozzi foi apresentado no congresso da ABHO em Recife, em 2010, e integra a memória fundadora da RELAHO.

Os dois textos são reproduzidos na íntegra, em sua língua e versão originais (espanhol), tal como foram escritos por seus autores.

¿Existe una historia oral latinoamericana?

Gerardo Necoechea Gracia — Instituto Nacional de Antropología e Historia (México) · texto original em espanhol

La respuesta a esta pregunta, sin pensarlo dos veces, es que sí, por supuesto existe una historia oral latinoamericana. Pero si me doy un tiempo para pensar la pregunta dos veces, entonces caben distintas maneras de entenderla. Una posibilidad es suponer que la pregunta pide dirimir si hay una esencia que hace de la historia oral latinoamericana algo por definición distinto a cualquier otra historia oral. Ello claro implica la noción de que existe una identidad uniforme en América Latina, y que ésta se refleja en la historia oral. Entendida así la pregunta, la respuesta es no.

Podríamos, en cambio, entender la pregunta en términos de la práctica y no de la esencia. Vista así, entonces, la pregunta apunta hacia un rasgo de la práctica de la historia: su especificidad. Entonces sí, la historia oral latinoamericana sería distinta porque trata de especificidades que difieren de las europeas o africanas. Por esa razón, entonces, también es diferente la historia oral en México y en Argentina, o en Colombia y Panamá; incluso sería distinta la historia oral del norte mexicano (posiblemente más parecida a la del suroeste de Estados Unidos) de la del sur mexicano (posiblemente más cercana a la de Guatemala). La historia oral en América Latina es de esta manera como la de cualquier otro lugar, porque atiende a las especificidades de tiempo y espacio.

Dirigir la respuesta en esta dirección abre la pregunta respecto de posibles similitudes en la región, a pesar de la singularidad de los sucesos. En mi opinión, ello nos lleva a pensar en la posibilidad de una historia comparativa, que a su vez presenta el problema de recortar problemáticas comunes. Por supuesto estamos en la práctica de otro rasgo de la práctica histórica: encontrar la universalidad, o puesto en términos moderados y factibles, generalizar más allá de tiempo y espacio determinados. Por supuesto que la comparación no distinguiría a la historia oral latinoamericana, como tampoco tendríamos porque limitar la comparación al continente americano. Qué comparamos, eso sí, deslindaría un campo distintivo. Varios colegas dimos apenas un par de pasos en esta dirección, en un proyecto sobre historias orales de la militancia de izquierda en América Latina. Las experiencias individuales son difícilmente comparables pero no así los contextos que les dan sentido. Aún así, los contextos de país a país eran muy distintos. La izquierda que optó por la lucha armada, por tomar un ejemplo, en Argentina y en Nicaragua sin duda puso en peligro al estado (y en Nicaragua por supuesto lo derrotó) mientras que en México su presencia cualitativa y cuantitativa fue mucho menor. La represión, sin embargo, fue muy similar en método, intensidad y propósito porque la percepción desde el poder veía un mismo proceso en los movimientos de oposición. Los movimientos, por su cuenta, abrevaron de la experiencia que consideraron común y vislumbraron un futuro compartido. Conjugadas y trabadas en conflicto, las experiencias crearon una idea de América Latina. Esa idea, creo sin haber ahondado mucho en el asunto, probablemente creció en la posguerra, maduró con la guerra fría, y decayó hacia el final de los años ochenta. Ahí entonces hay un campo fértil de indagación propiamente latinoamericana. Es decir, a partir de ciertas preguntas podemos ensanchar el campo de la especificidad y crear una práctica de historia oral latinoamericana que es distinta. El proyecto guarda semejanza con el proyecto realizado durante la década de 1980, de comparación entre los movimientos estudiantiles europeo y norteamericano durante los años sesenta. Será interesante en algún momento comparar ambos esfuerzos.

Pero en tanto hablamos de práctica, habrá entonces que también fijar la mirada en cuestiones de método e intención. En cuanto a lo primero, creo que en materia de técnica y método no hay nada que distinga a los historiadores orales latinoamericanos de sus colegas en otras latitudes. Hay un ancho río, incluyendo rápidos y remansos, corrientes, contracorrientes y remolinos, en el que todos navegamos. Si hemos de encontrar semejanzas entre nosotros que nos distinguen de otros, será en el campo de las intenciones. La empresa, de entrada, se antoja imposible porque ese campo es político. Así, encontraremos discrepancias insalvables entre nosotros y cercanías con historiadores orales de países fuera de América Latina. Pero quiero aventurar un par de ideas, en las cuales sin duda pesa grandemente la experiencia en México.

Primera idea. Los historiadores que nos acercamos a la historia oral, en América Latina, tenemos como periodo de investigación el siglo XX, y nos interesan sujetos, temas y problemas que por lo general quedan fuera de las historias convencionales e incluso fuera de los repositorios documentales. La historia colonial suele acaparar la atención de los historiadores, y los estudios institucionales agotan sus preocupaciones. Además, hay un carácter conservador en la academia y la práctica disciplinar. Insisto, pesa en mi juicio la experiencia en México, donde es raro el historiador que investiga sobre sucesos posteriores a 1930 y donde hacer una tesis de licenciatura con historia oral no es fácilmente (a veces ni difícilmente) admisible. Los historiadores que usan historia oral, que investigan sobre los últimos dos tercios del siglo XX, que fijan la mirada en los movimientos sociales populares, en la vida cotidiana de las clases subalternas, en la acción política de mujeres o jóvenes suelen ubicarse a la izquierda del centro, en el espectro político.

Segunda idea. Uno de los impulsos que ha acompañado a la historia oral es el de la democratización de la producción y de los temas y sujetos de la historia. Los historiadores orales han traído a esa Gran Historia Nacional —en México solemos usar la frase "historia oficial"— las vidas de hombres y mujeres y los sucesos que habían quedado al margen por ser considerados intrascendentes o reprimidos por ser opuestos a la corriente. Esta característica de la historia oral en ocasiones la convierte en una historia de denuncia y, con mayor frecuencia, en una historia que pone a los invisibles a la par de la historia visible. En un breve texto sobre historia y política, sugería que en general en Europa este afán podía verse como una historia asistencialista, un medio para que otros ingresen a la arena pública de que trata la historia. En los países de América Latina la arena pública más bien nos parece inestable, no damos la democracia por supuesta, de manera que meramente ensanchar la arena pública no es suficiente y por ello nos preocupa no solo hacer aparente lo invisible sino entender los mecanismos y las causas de la invisibilidad para entonces transformarlas. Permanece la intención utópica de no sólo entender sino transformar el mundo, y por lo mismo una concepción más agudamente crítica. Por dar un ejemplo: después de la lectura de Sarlo sobre la memoria, al menos a mi me queda claro que la preocupación en Europa respecto de la persecución de los judíos por los nazis tiende a ver un suceso excepcional mientras que los estudios sobre la violencia de las dictaduras en América Latina la vemos como elemento estructural de la historia. En las regiones indoamericanas el genocidio lleva siglos, y en el resto, la intensa violencia de clase, raza y género ha sido motor constante del devenir histórico y no mera aberración excepcional. Así, la idea de la sanación a través de la memoria o la exigencia del nunca más tienen connotaciones muy distintas y que se traslucen en las maneras de hacer historia oral.

Puede ser, entonces, que la posición política y la distinta concepción histórica confieren cierta orientación común a los historiadores orales latinoamericanos. No hay una historia oral distinta, pero en la práctica y la intención hay similitudes que nos acercan y distinguen; insistiría en la frase de Carlos Monsiváis: "un cierto aire de familia". Las consecuencias de ello habrá que examinarlas sobre el camino. Para empezar, es evidente la necesidad de restablecer los espacios de diálogo entre nosotros.

¿Existe una historia oral latinoamericana? Respuesta a Gerardo Necoechea

Pablo Pozzi — Universidad de Buenos Aires (Argentina) · texto original em espanhol

Según mi colega Gerardo Necoechea la respuesta a esta pregunta es un firme y categórico quién sabe. Por un lado, dice que sí, por cuanto "atiende a las especificidades de tiempo y espacio". Por otro, dice que no "en cuanto a la esencia". En su práctica entonces sería distinta (o podría serlo) pero en cuanto a esencia es igual que cualquier otra.

En realidad, y citando a mismo Gerardo en una mesa redonda que compartimos en el congreso de la ABHO en Recife 2010: lo que él está planteando no es tan confuso como yo lo hago parecer, de hecho es "muy importante, totalmente equivocado pero muy importante". El tema de la esencia y de la práctica de la historia es uno de los temas dejados de lado en la formación de nuestros estudiantes el día de hoy, pero era central hace ya treinta años. Si la historia es "el ser humano, en sociedad, a través del tiempo", entonces no hay realmente una esencia particular a la historia oral que la diferencie de la historia a secas. Es más, la historia oral sería una subrama de la historia, al igual que la historia económica, o la historia social, o la historia de género. Su especificidad se deriva de que el eje central de su estudio es la subjetividad humana como elemento determinante de prácticas y del quehacer. En otras palabras, para el historiador oral la subjetividad (como señaló Raymond Williams) es parte de lo material de la historia, al igual que lo pueden ser los datos económicos, los documentos policiales, o la prensa de masas.

Lo anterior me parece importante ya que pareciera existir una tendencia a subsumir enfoques antropológicos o sociológicos en la historia oral convirtiéndola en un híbrido marginado de todas las disciplinas. La oralidad es parte de numerosas disciplinas, pero la historia oral, por cuanto es historia, tiene las reglas y la cientificidad de la disciplina histórica. Yo me reivindico como un historiador que hace historia social e historia oral. No acepto que se me separe de la profesión y de sus criterios simplemente "por que si".

En lo que si tiene razón Gerardo es que la "esencia" de la historia oral como "latinoamericana" es por lo menos discutible. O mejor dicho, es tan discutible como lo es la existencia misma de América Latina como proceso histórico y social único y homogéneo. En realidad, y sin ánimo de meterme en una discusión más que compleja, profunda y con una larguísima tradición, lo latinoamericano existe en contraposición a lo europeo y lo norteamericano. Como tal los elementos unificadores provienen del colonialismo y del imperialismo. Estos no son solamente conceptos teóricos o políticos, sino más bien intentan definir una relación de opresión realmente existente. Por eso las posibilidades de una historia comparativa entre los procesos de la historia de la potencia imperial y la de los pueblos oprimidos siempre han sido complejas y dificultosas. No es imposible, pero si difícil. Es lógico pensar que si bien la historia latinoamericana es historia, que también tiene su esencia particular derivada de esta relación histórica. Como tal, y como subrama de la historia, la historia oral, por cuanto su eje central es la subjetividad, también debería tener una esencia específica latinoamericana derivada de ese proceso histórico.

Es por eso que las prácticas de la historia oral tienen, necesariamente, que ser distintas en América Latina que en otros lugares. Aun en el caso de sociedades fuertemente marcadas por el coloniaje y el imperialismo, como África o Asia, su especificidad también le da características propias al quehacer histórico y por ende a la historia oral. Gerardo señala que "en materia de técnica y método no hay nada que distinga a los historiadores orales latinoamericanos de sus colegas en otras latitudes". Yo no coincido. Es notable como los manuales de historia oral hechos por colegas de otras latitudes tienen escasa utilidad, por lo menos en la Argentina, ya que se basan en prácticas y esencias provenientes de estudiar la historia de países de primer mundo.

En el caso argentino los problemas de hacer historia oral están fuertemente ligados al tema represión y regímenes dictatoriales. El pedir la autorización al entrevistado automáticamente implica entrar en el cono de dudas sobre qué se va a hacer con la entrevista. La autocensura de ambas partes, como técnicas de supervivencia frente a una represión salvaje, marca fuertemente los testimonios, la memoria y la subjetividad. Las técnicas para evocar la memoria o para lograr respuestas no son (y tampoco pueden ser) las mismas que en sociedad con niveles represivos más bajos. Asimismo, la posibilidad de que lo que se declara en una entrevista tenga usos no imaginados por el historiador es un problema ético y práctico que debe ser contemplado y que no figura en ningún manual hecho por europeos o norteamericanos. En mi caso, he sido citado en tres juicios (y por suerte nunca convocado) por fiscales que deseaban utilizar mis entrevistas como prueba de los delitos de lesa humanidad por parte de antiguos guerrilleros. ¿Qué hacer en estos casos? ¿Qué hacer frente a la posibilidad de que el entrevistado otorgó información en confianza sin considerar las posibles consecuencias? Si el entrevistado te cuenta cómo ejecutó a alguien ¿qué hace el historiador? ¿Modifica el testimonio borrando esa parte o lo preserva exponiendo al entrevistado a las consecuencias? Luego, ¿el testimonio se preserva, se publica, se esconde? Los nombres de los entrevistados ¿son públicos o debemos utilizar seudónimos? El uso que hacemos de la entrevista se guía por ¿qué criterios? ¿Cómo inciden cuestiones socioculturales de género, raza y clase en la construcción de los testimonios? ¿Cómo incide la subjetividad propia del entrevistador, por ejemplo, cuando se entrevista a una persona perteneciente a los pueblos originarios? Y ni hablar de prejuicios, percepciones, o relaciones de deferencia. Una vez más, el hecho de que Ronald Grele, Paul Thompson, Daniel Bertaux, Philippe Joutard y tantos otros no consideren estas cuestiones en sus interesantes y bien escritas guías sobre historia oral implica que nunca jamás tuvieron que enfrentarse a estos problemas.

Ni hablar de otros problemas derivados de la realidad social y de los estados en los que se desenvuelven. Yo miro archivos europeos o norteamericanos con profunda envidia. Se encuentran bien cuidados, organizados, y mantenidos. Lo cual implica que hay dineros y que el Estado y sus sectores dominantes valoran la memoria histórica como lugar de construcción de una hegemonía y un consenso determinados. Lo mismo puedo decir de archivos en México o en Brasil. No es lo mismo en el caso argentino. Una pregunta constante para cualquier historiador oral argentino es: ¿las entrevistas deben ser ubicadas en archivos accesibles al público? ¿Eso qué significa y qué implica? Además, en sociedades donde la corrupción permea al Estado ¿cómo hacer para preservar esa memoria? ¿Cómo hacer para que los archivos no sean vendidos al exterior, o sean destruidos, o peor aun no sean vendidos simplemente como papel descartado y por peso? Los archivos laborales en Argentina se queman cada 10 años por que "no hay donde guardarlos" (y, diría yo, porque la memoria obrera no es algo que nuestra clase dominante quiera preservar).

En síntesis, ética, política, esencia y por ende prácticas del historiador se derivan de la realidad en la que se ejerce la profesión. Así como las preguntas y respuestas nos las sugieren el medio social en el que nos desenvolvemos, también las características específicas de nuestro quehacer se ven marcadas y determinadas. Lo anterior obliga a plantearse una vez más aquellos temas tan importantes para muchos de mis profesores: ¿qué es la historia?, ¿historia para qué y para quién?, la ética del historiador. En estos temas, la historia oral es fundamental porque evidencia la importancia de los mismos, por cuanto no son meramente un ejercicio intelectual sino que se imponen debido a las prácticas mismas que surgen de la esencia de la historia oral latinoamericana.

Y esto último lleva a un tema donde Gerardo tiene muchísima razón (y no se equivoca). Si bien yo soy de la opinión que la historia oral en sí misma no es subversiva ni democratizadora, ya que estas características surgen del uso que le da el historiador, también debo reconocer una especificidad latinoamericana. Gerardo señala que "nos interesan sujetos, temas y problemas que por lo general quedan fuera de las historias convencionales e incluso fuera de los repositorios documentales". Absolutamente cierto. La historia oral en América Latina tiende a rescatar a las grandes masas cuyo aporte al proceso histórico ha sido ignorado o dejado de lado por la historia oficial. Como tal la historia oral tiende a ser la "historia de los sin voz" (en el sentido que no quedan registrados sus sentires en los documentos y archivos excepto en formas muy secundarias). Esta característica obliga al historiador oral latinoamericano no sólo a regresar al ser humano como sujeto y protagonista de la historia, sino también lo obliga a concientizarse de que el oficio del historiador es una tarea colectiva entre el técnico (historiador) y el/los sujetos. En el diálogo entre ambos (al igual de lo que debería ser el diálogo constante con un documento escrito) el historiador cambia, se modifica, y su historia se torna más rica, más compleja. Al incorporar la subjetividad como materia central al proceso histórico el historiador se ve obligado a democratizar sus prácticas y su esencia, en el sentido de que la historia una vez más se guía por el gobierno del demos. Y no sólo democratizamos la producción (de hecho, sin esto no se puede hacer historia oral), sino que marcamos un elemento particular que hace a la esencia de la historia oral y no sólo a su práctica. La esencia democratizadora se nutre, además, de ese demos y por ende si el demos se ha forjado en procesos históricos latinoamericanos esa esencia no puede ser la misma que la de otras latitudes y otros procesos históricos.

Claro, esto no significa que toda historia oral sea "buena". Una colega argentina insiste que "cualquiera puede hacer historia oral" y solo hace falta atreverse. No es cierto. Un proyecto de historia oral tiene reglas, criterios y su propia cientificidad. No cualquier entrevista es historia oral, sino cualquier periodista televisivo que entrevista gente (¿Oprah?) sería un historiador oral. Lo que si es cierto es que la historia oral cuestiona fuertemente los límites de gremio feudal establecidos por la academia por cuanto convierte al individuo común en protagonista de su propia historia.

Artigos de integrantes

Espaço para artigos, ensaios e textos de intervenção disponibilizados pelas pessoas e coletivos que integram a Rede, em espanhol ou português. Cada texto é publicado com autoria, instituição, país, ano, licença e link para a versão original, quando houver.

Texto escrito logo depois de 1º de dezembro de 2010, quando a Rede apresentou o seu primeiro site, o relaho.org, que não está mais no ar. Reúne os antecedentes da RELAHO desde 1995 e descreve o que aquele primeiro site se propunha a ser. Publicado aqui com autorização dos autores.

La Red Latinoamericana de Historia Oral: presentación del web site

Mariana Mastrángelo — Programa de História Oral da UBA (Argentina) · Rubén Kotler — Associação de História Oral da República Argentina e Associação de História Oral do Norte Argentino · texto original em espanhol

El primero de diciembre de 2010 fue presentado el sitio web de la Red Latinoamericana de Historia Oral: www.relaho.org. El objetivo de la misma es construir un espacio de intercambio, discusión, producción y circulación de conocimiento en esta área. En este sentido, la red significa un paso más en la consolidación de los encuentros académicos, los intercambios entre los colegas y la puesta en marcha de un proyecto que pretende integrar a todos aquellos que se dedican a la Historia Oral en América Latina. Por esta razón, la Red desde el ciberespacio, pretende ser un puente, no solo virtual, de todos aquellos investigadores que de una forma u otra, están atravesados por la historia oral en sus prácticas profesionales.

Antecedentes inmediatos de la RELAHO

Tras varios años de encuentros y de discusión, un grupo de historiadores orales de México, Argentina y Brasil llegaron a la conclusión de que era necesario conformar un espacio común latinoamericano para desarrollar la Historia Oral en esta parte del continente. En 1995, en un congreso en la ciudad de Nueva York, organizado por la Oficina de Historia Oral de la Biblioteca de Columbia University, se discutió sobre posibles temas de historia comparativa y estrategias para crear vínculos, entre ellos la creación de una red de historia oral en la región. Diez años después, en 2005, en el marco del congreso de historia oral en Colombia, surgió la idea de una organización continental, la que fue ganando en cuerpo y figura. Posteriormente hubo un segundo y un tercer encuentro latinoamericano de historia oral: en Panamá en 2007 y Nicaragua en 2009. En este último no sólo se votó hacer un siguiente encuentro en Venezuela para el 2011 sino que se propusieron algunos pasos concretos para consolidar una red latinoamericana de historia oral, entre los cuales estuvo por supuesto la creación de una página web. En el Encuentro Nacional de Historia Oral de Brasil, en Recife, en abril de 2010, las discusiones avanzaron y se concretó la realización del website de la Red, que se propone entonces como un puente entre todos los investigadores del continente, como una ventana desde la cual poder fortalecer nuestros lazos y encontrarnos cada vez que las necesidades así lo requieran.

La Red está conformada por diversas asociaciones regionales y nacionales, equipos de trabajo, investigadores y cualquier persona interesada en esta temática, buscando dar a conocer la existencia de archivos locales, regionales y nacionales que tengan que ver con el resguardo de testimonios orales, buscando fomentar la creación y conservación de archivos de la palabra, dar a conocer publicaciones relevantes con respecto a la historia oral, así como la difusión de congresos, coloquios, conferencias, y la presencia de todo tipo de espacios virtuales sobre estos asuntos.

El website de la Red RELAHO cuenta con un menú principal que contiene una rica variedad de ventanas relacionadas a la Historia Oral en América Latina. Para enumerarlas, podemos nombrar los anuncios de actividades vinculadas a la disciplina, como encuentros académicos que se realizaron o se realizarán en los países que participan de la Red. Un listado de archivos de Historia Oral en Latinoamérica, con una breve descripción de los mismos y de los servicios que brindan. Una biblioteca virtual, compuesta por artículos, libros y entrevistas. También una sección de revistas virtuales que pueden consultarse; novedades bibliográficas; una galería de fotos (en especial de los congresos de historia oral llevados a cabo en los últimos dos años en Brasil Argentina y Colombia). Quizás una de las secciones más interesantes sea la denominada Debates ya que la Red se propone como un foro de discusión en torno a la disciplina. En este sentido, una de las polémicas que se ha suscitado recientemente en el website es el de si existe “una” Historia Oral Latinoamericana, donde participan de la discusión el Dr. Gerardo Necoechea y el Dr. Pablo Pozzi con sugerentes planteos sobre el tema. Por último, mencionemos la sección Cuéntame como fue; la misma es una reunión de entrevistas a historiadores que relatan su experiencia con la Historia Oral (como todas las otras ventanas, este es un espacio en construcción que ira sumando entrevistas con esta temática).

De esta manera, la Red se propone como un foro para la discusión y reflexión de los distintos procesos sociales contemporáneos por los que atraviesan nuestros países, un espacio que sea de todos aquellos que deseen sumarse y ayudar a construir el campo en nuestro continente. Buscamos la reflexión en el terreno de las discusiones teóricas y metodológicas que acompañan a los trabajos de historia oral, algo que consideramos muy relevante para consolidar la disciplina en la región.

Información adicional

Para contactarse con la Red Latinoamericana de Historia Oral puede acceder al sitio web www.relaho.org, o bien enviarnos un mail a relaho@relaho.org. Dentro del sitio de la Red podrá encontrar distintas secciones y los contactos responsables de cada una de ellas. También, y haciendo usufructo de las nuevas redes sociales disponemos de un espacio en Youtube: www.youtube.com/relahoral, y nuestra cuenta en Facebook: www.facebook.com/relaho, desde la cual buscamos interactuar con los colegas que así lo deseen. Desde el site de la Red ofrecemos la posibilidad de registrarse y participar de nuestros foros y recibir, periódicamente, notificaciones sobre encuentros y convocatorias referidas a la historia oral en todo el continente.

Integrantes podem enviar outros textos, já publicados (com autorização de reprodução) ou inéditos — indique título, autoria, instituição, país, ano, resumo breve e licença.

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